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Traducido del inglés por Silvia Gabay

Hay muchas razones por las que no escribí ningún análisis político durante esta sangrienta guerra.

Una de las razones es que yo sólo quería que la guerra terminara, quería detener el derramamiento de sangre, aunque sabía que cuanto más tiempo la Franja pudiera resistir la masacre genocida de Israel, mayor sería la probabilidad de que los agresores no consiguieran lo que querían y que el sitio a Gaza -el cual a largo plazo es aún más destructivo para la vida humana y el desarrollo- sería levantado.

Pero la mejor excusa es que durante toda esta guerra, la monstruosa maquinaria de guerra israelí parecía torpe y carente de orientación, mientras que la resistencia en Gaza parecía mantener la calma y saber lo que estaba haciendo.

Preferí callar y hacer mi pequeña contribución en manifestaciones contra la agresión.

Ahora que la guerra ha terminado, ¿qué podemos aprender políticamente de ella? Voy a tratar de hacerlo corto, repasando diferentes aspectos de esta guerra, con la esperanza de escribir pronto en forma más detallada.

¿Quién ganó el enfrentamiento militar?

Las grandes guerras terminan con el lado ganador conquistando el territorio o con el perdedor firmando su rendición.

Los israelíes dijeron que podían conquistar Gaza, pero no lo hicie­ron. De hecho, ya lo hicieron dos veces, en 1956 y en 1967. Cuando se retiraron de Gaza en 2005 fue sin acuerdo, después de que pagaran un alto precio con las dos intifada palestinas. El hecho de que Gaza no fuera ocupada de nuevo es el resultado combinado de que la re­sistencia estaba expectante al acto de ocupación y a la memoria de la resistencia a lo largo de 38 años de ocupación continua. De cualquier forma que se relate, la resistencia es lo que mantiene a Gaza libre de la ocupación directa.

Sin ganar terrenos o sin rendición, ¿no es una guerra total con el objetivo de matar gente y destruir sus medios de vida? Los funciona­rios israelíes, políticos y expertos toman en sus manos el ser jueces de la Historia llorando: “hemos matado a más de 2.000 personas; hemos destruido los hogares de casi medio millón de habitantes de Gaza, lo que hicieron con nosotros no es nada en comparación con esto. ¡Nos declaramos ganadores!”.

Pero ésta no es la forma en que la guerra se decide. Vivimos en un mundo de expectativas. Todo el mundo sabe que Israel tiene una potencia de fuego militar como para destruir Gaza. Si la guerra no fue para la aniquilación total de la otra parte, entonces se luchó para demostrar algo sobre la relación de fuerzas.

Al igual que Hezbollah en Líbano en el verano de 2006, la resisten­cia palestina en el verano de 2014 -liderada por las Brigadas Qassam, el ala militar de Hamas- sorprendieron a Israel con sus preparación técnica y con su poder de combate.

Misiles y morteros

El ataque israelí anterior contra Gaza, en noviembre de 2012, terminó con unos cohetes que alcanzaron la zona metropolitana de Tel Aviv, donde vive la mayoría de los israelíes. Ahora, por primera vez, Tel Aviv fue atacada sistemáticamente, poniendo en duda la suposición israelí de que pueden librar sus guerras en tierras de otros pueblos sin ser ellos el blanco. Desde los primeros días de la confrontación, ya que no tenían manera efectiva de detener los cohetes, los comandantes militares israelíes afirmaron que la resistencia se estaba quedando sin municiones. Al fin de la primera semana, declararon que un tercio de los misiles ya habían sido utilizados. Después de 51 días de guerra, la única conclusión posible es que no tienen idea de cuántos cohetes tie­ne la resistencia. Lo único positivo para los israelíes fue el desarrollo de los sistemas antimisiles, lo que limitó el daño práctico que sufrieron. Queda abierta una pregunta ¿cuánto de esto es éxito tecnológico real y cuánto es el resultado de la debilidad de los nuevos cohetes palestinos? Sin embargo, se debe recordar que muchas de las personas en Gaza que lanzaron estos cohetes pasaron sus veranos como niños lanzando piedras a los soldados israelíes. Tienen muchas razones para sentir que han hecho progresos.

Los túneles

En esta guerra, la resistencia palestina dio una nueva dimensión a la vieja noción del movimiento subterráneo. Se compensó la potencia abrumadora de fuego y el control total del aire y el mar por parte de Israel con esta vieja solución tecnológicamente sencilla. Los túneles corren debajo de la cerca y detrás de las líneas israelíes, donde sólo son un pequeño aditamento. La fijación de Israel en “destruir los túneles” (ya sea real o simulada) permitió a la resistencia matar a muchos más soldados dentro de Gaza que los muertos por ataques a través de los túneles.

Resistencia

Israel no estaba preparado para una larga confrontación. Al final, fue la guerra más larga en su tipo. Normalmente, el pensamien­to político israelí fue que debían utilizar lo más posible el tiempo político con el fin de permitir que el ejército hiciera su trabajo (lo llaman “Dejá ganar a las Fuerzas de Defensa de Israel), a pesar de que ni siquiera recuerdo la última vez que ganaron, ni tienen idea alguna de lo que debería ser ganar…). Por otro lado, el liderazgo de Hamas hizo un trabajo cuesta arriba durante los largos días de lucha y negociaciones para mejorar el funcionamiento de la nueva unidad palestina y cerrar algunas de las brechas en la solidaridad árabe. Las noticias finales de cohetes que caían en Tel Aviv se ubicaron, en las noticias occidentales, en algún lugar entre los coches bomba en Bagdad y un terremoto en Islandia, lo cual no es un ranking que el Estado sionista pueda aprobar como niño mimado de las principales potencias del mundo.

Por todas estas razones, esta confrontación militar creó algunos cambios en el equilibrio completamente desequilibrado de poder a favor de los palestinos.

La política de la guerra

La confrontación militar es sólo la punta del iceberg de una con­frontación más amplia entre las entidades (instituciones) políticas, sociales y económicas. Cada lado es profundamente dependiente en nuestros días de un “campo” de apoyo por parte de los Estados, pueblos y culturas.

Israel comenzó esta guerra en lo que parecía una combinación óptima de circunstancias políticas. El sufrimiento del pueblo pales­tino tiende a ser ensombrecido por el sangriento caos en Siria, Irak, Libia y otros países árabes. Las potencias occidentales han perdido cualquier objetivo o algo parecido a una dirección en el manejo del conflicto en Palestina y su actitud se define por su prejuicio hacia los palestinos, a los que tildan de “terroristas” y por el mantra del “derecho de Israel a defenderse”, no importa lo que cualquiera de las dos partes esté haciendo.

La resistencia palestina entró en esta guerra en las peores condi­ciones regionales. Nunca antes había estado más aislada. El Estado egipcio está ahora controlado por una contrarrevolución en ebulli­ción que considera a Hamas como una extensión de su principal enemigo, los Hermanos Musulmanes. Los partidarios tradicionales de la resistencia en Irán y Siria están ocupados en sofocar la insurrec­ción del pueblo sirio y no se olvidan de que Hamas tomó partido en la revuelta contra Bashar. Así que la resistencia en Gaza se quedó sólo con Catar y Turquía como respaldos políticos activos para su aspiración de romper el cerco.

En estas condiciones, la evolución de la guerra no trajo ningún gran avance, pero ayudó poco a poco para inclinar la balanza hacia el lado de la resistencia.

En el comienzo de la guerra, Israel estaba entusiasmado con su unidad en torno de la causa sagrada. Esta unidad monolítica es tí­pica de la comunidad de colonos en Israel al comienzo de cualquier guerra, la que se mantiene unida por un total desprecio hacia los palestinos como seres humanos y por una larga práctica en rituales de auto-victimización.

Pero los acontecimientos recientes en la sociedad israelí hicieron que el extremismo racista, esa conclusión lógica de la mentalidad de los colonos, tomara el control de la política, de la calle y de los medios de comunicación. Antes del final de la guerra, la mayor parte de la coalición gobernante y la mitad del gabinete de guerra volvieron a los “ataques talkback” (ataques de espaldas, no de frente) contra el gobierno y la cúpula militar, porque no pudieron satisfacer sus sue­ños militaristas. La atmósfera de terror interno en contra de cualquier oposición a la guerra ayudó a silenciar a los opositores políticos, pero no hizo más fuerte al “frente interno”.

Por otro lado, los palestinos entraron en esta guerra con un recién creado “gobierno de unidad” que se inició con el presidente Mah- mud Abbas declarando que la seguridad de la cooperación con la ocu­pación es “sagrada” y fracasando en transferir los salarios de decenas de miles de empleados del gobierno en Gaza. Los israelíes esperaban utilizar a Abbas para añadir presión sobre la resistencia liderada por Hamas en Gaza.

A medida que el ataque a Gaza enfurecía a los palestinos, por otra parte hubo una movilización popular masiva -la más significativa en Al-Quds (Jerusalén)-, en la que se produjo una intifada local después del asesinato del joven Muhammad Abu Khdeir (obligado a beber gasolina, golpeado y quemado vivo).

En los territorios ocupados desde 1948, la juventud palestina llevó a cabo las más amplias confrontaciones con la policía desde octubre de 2000, cuando más de un millar de personas fueron detenidas. En Cisjordania hubo varias manifestaciones de masivas y varios manifes­tantes fueron muertos a tiros por el ejército israelí.

Finalmente, fueron los palestinos los que jugaron la carta de la unidad y lograron establecer una lista unificada de demandas pales­tinas, así como la creación de un equipo de negociación unida. Los “logros” israelíes y egipcios, como dejar que los hombres de Abbas controlen los cruces fronterizos, no son más que la cara para salvarse ellos y cubrir su acuerdo para aliviar el asedio. ¿Qué “seguridad” ex­tra podrán dar los guardias palestinos, dado que cualquier cosa que pase a través de los cruces es ya cuidadosamente estudiado por los israelíes o los egipcios?

En el plano árabe, Hamas hizo lo mejor en las peores condicio­nes. Por algún tiempo, la causa palestina volvió a ser el centro de atención. Hubo manifestaciones masivas en muchos lugares como Jordania, algunas incluso en Haleb (Alepo) a pesar de los continuos bombardeos por parte del régimen. En estas condiciones, cada go­bierno árabe se sintió obligado a parlotear para mostrar su apoyo a los palestinos. Incluso el gobierno egipcio tuvo que suavizar su hostilidad instintiva.

En todo el mundo se produjo una oleada de actividades y de apoyo a la causa palestina. Naturalmente “Alto a la guerra” (Stop the War) fue acompañado por “Dejen el asedio” (Lift the Siege), “BDS”1 y “Liberen Palestina” (Free Palestina).

La izquierda latinoamericana, la cual tomó el control de la mayor parte de los Estados de América del Sur durante la última década, dio un importante apoyo moral liderado por Evo Morales, el primer presidente indígena y socialista de Bolivia, quien respaldó al BDS y declaró a Israel como un Estado terrorista.

La opinión pública en el mundo árabe y en Occidente también obligó a un replanteamiento en los círculos imperialistas gobernantes. Llegó en su mayoría en dos oleadas: en primer lugar, la suspensión temporal de los viajes aéreos a Tel Aviv; después, una revisión de algu­nos suministros de armas de Estados Unidos, Gran Bretaña y España. Esto no significa que las potencias occidentales hayan superado su instinto racista -hemos visto, por ejemplo, la iniciativa europea ha­cia el final de la guerra para volver a la condición de que se levante el bloqueo de Gaza, basada en su desmilitarización, al igual que los propios israelíes, pero esta condición fue abandonada. Pero Israel no está considerado tan alto, como lo solía ser, en la agenda imperialista, ya que es ahora otra fuente de problemas. Sus amos imperialistas casi han olvidado cuándo fue la última vez que sirvieron a sus intereses de manera efectiva.

¿Y ahora qué?

El futuro de Gaza sigue siendo incierto. Incluso si llegan a un acuerdo con Israel (o con Egipto) no hay ninguna garantía de que se respetará, como ya ocurrió con los acuerdos después de la anterior guerra, en 2012, y con el intercambio de presos, en 2011. Sin embargo, Gaza está luchando por la libertad.

Se requiere una intifada para atraer a la Organización para la Li­beración de Palestina (OLP) y otra intifada para expulsar al ejército israelí y los colonos. La retirada israelí en 2005 permitió las eleccio­nes relativamente libres de 2006 y el establecimiento del gobierno de Hamas. En 2007, Hamas logró implementar las elecciones y tomar el control total después de abortar un intento de golpe de parte de una milicia entrenada en Estados Unidos dirigida por Dahlan.

Gaza se convirtió en la primera (y hasta ahora única) parte de Palestina bajo control palestino. Desde entonces, Israel hace todo lo posible para hacer de esta independencia palestina dolorosa. En los últimos años, su política oficial es la “diferenciación” para probar que vive bajo la ocupación y que Abbas en Cisjordania es mejor que la independencia (y asedio) bajo Hamas. Al ser reacios a dar algo a los palestinos, e impulsado por el deseo incontrolable de acabar con los asentamientos y apropiarse de las tierras, concentra sus esfuerzos en hacer un infierno la vida en Gaza.

Gaza se hizo más fuerte a pesar del asedio y los ataques conse­cutivos. En la última guerra, por primera vez, Gaza luchó como un Estado, sobre todo por las fuerzas armadas organizadas bajo el mando central. En medio de la guerra, el líder de Hamas, Khaled Meshaal, se jactó de que la resistencia estaba matando soldados mientras los israe­líes mataban a civiles. En el final de la guerra, la mayoría de los líderes palestinos acordaron que la garantía de sus logros no es un acuerdo, sino el poder de la resistencia.

Pero la lucha no es por Gaza: es sobre el futuro de Palestina. Y Palestina no puede ser liberada, mientras una gran parte del resto del mundo árabe se está deteriorando en una sangrienta guerra civil. La posición heroica de Palestina durante el último asalto en Gaza fue un importante recordatorio para el pueblo árabe de todo el mundo de que la lucha por la libertad requiere de la unidad de cara a los opreso­res y que se puede ganar, incluso en las condiciones más duras.

Publicado en el sitio Free Haifa, el 31 de agosto de 2014

http://freehaifa.wordpress. com/2014/08/31/lessons-jro m-the-gaza- war/

The Spanish translation was first published by Partido Obrero in En Defensa del Marxismo #43